jueves, 16 de febrero de 2012

Cambiando paradigmas

¿Estamos satisfechos con la educación del siglo XXI? Por lo general, no.
¿Podemos continuar utilizando un sistema educativo creado en una época radicalmente distinta? Imposible.

El dilema entonces es ¿cómo adaptar la educación a una realidad económica y social NUEVA?

Se habla constantemente de reformas educativas, de poner y quitar años al bachillerato, del tipo de contenidos que enseñamos, que si son suficientes o demasiados, etc. La cuestión es: ¿Es eso lo que debemos plantearnos? ¿Hasta qué puntos estamos demasiado inmersos en el sistema como para no ver nuevas perspectivas de aprendizaje? Los árboles no nos dejan ver el bosque.

Os presento un vídeo muy interesante sobre la educación del siglo XXI, basada en dos pilares, la Economía y la Cultura, y que, por si se nos olvida, procede de otra época. Los estudiantes del siglo XXI están inmersos en un sistema educativo que no les garantiza un trabajo, un medio de vida. Si no importa ya la formación o el esfuerzo, si lo que aprenden no se corresponde con la estructura de su mundo, ¿qué podemos exigir a nuestros alumnos? ¿Cómo motivarles? 

En nuestra sociedad se han perdido las garantías de que estudiar y formarse tenga sus frutos así que es el momento de cuestionarnos si acaso debemos elevar los estándares o, lo que es lo mismo, revolucionar los paradigmas.



Me parece muy interesante la propuesta del pensamiento divergente de Ken Robinson. En una sociedad sobreestimulada e inmersa en la multitarea no podemos culpar a los niños por déficit de atención. No podemos continuar con un sistema que ya está anquilosado. Estoy absolutamente de acuerdo en ayudar a los estudiantes, de cualquier edad, de cualquier asignatura, a buscar la máxima expresión de los sentidos, a despertar lo que está dentro de sí mismos. Para un buen modelo de aprendizaje, no podemos utilizar la estandarización: hay que cambiar el paradigma. Este pensamiento divergente es la capacidad esencial para la creatividad: muchas formas de pensar, múltiples respuestas a una pregunta, etc. Y ese es nuestro mundo del siglo XXI.

Todas estas reflexiones que aporta el vídeo sobre la educación en términos generales me han hecho pensar en el aula de idiomas. No podemos continuar enseñando sin tener en cuenta el tipo de vida que llevan las personas en la actualidad, las horas que pasan en Internet, las herramientas de comunicación que emplean, la personalidad prototípica que conforma al individuo multitarea de nuestra era. 

Y yo me pregunto: ¿cómo podemos continuar utilizando los mismos materiales de ELE que hace diez años? Es cierto que hay una evolución editorial pero mucho menor de lo que ha evolucionado la sociedad hasta nuestros días. Seguimos inmersos en el sistema tradicional de aprendizaje, aunque pongamos unos cuantos vídeos en nuestras clases. El aula de idiomas también debe guiar a los estudiantes hacia el pensamiento divergente y al aprendizaje colaborativo. Debemos superar la barrera entre lo académico y lo no académico, ¿o vamos a seguir haciendo memorizar listas de vocabulario que siempre se olvidan? 

Como profesora de ELE me cuestiono cómo podemos gestionar el proceso aprendizaje para que sea significativo y, cada vez estoy más convencida de que la respuesta está en el trabajo en grupo, en la conexión ideas. ¿Cómo podemos integrar esta nueva forma de aprender en nuestras clases?

Todavía me faltan respuestas pero no me olvido de que hay que encontrar alternativas, buenas ideas y ser conscientes de cómo nacen.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada